I’m from Mexico, from the state of Morelos. I came to Plover when I was 21. All of my family who lives here told me Wisconsin is the best state to live, a place where family is a priority, where nature can be loved.

Photo courtesy of Lili Vera

Lili Vera | Plover, WI

They were not wrong, Wisconsin is all that. I even like the winter, and if I were to move to another state I would deeply miss my Wisconsin, with its winters and its colors! 

I imagine my story with English is the same story for many others. I came here without knowing how to speak a single word. Saying “hello” was so hard. What pushed me to learn English was my family. When I arrived my son was one and a half. He had a speech impediment, and he wouldn’t say a word, no mom, nor water, nor food. Nothing. When he was three I started looking for help. I found some resources but everything was in English. I couldn’t understand the therapists, and I couldn’t help him at home. So I told myself “I need to learn English so I can be part of my children’s growth!”

One of my children’s schools offered English classes. The first one I took was so slow. You’re barely learning the basics, and the pronunciation is so, so difficult. It’s then when frustration starts settling and you start thinking how much time and effort it will take. You get frustrated, you walk away, and you say “I can’t do it.” So I stopped going. In a second attempt I went to Mid-State College, in Wisconsin Rapids, and I stayed there for six months, going everyday. That’s when things started. It’s hard, because you have to do it everyday, continuously. I had to work, attend my children, go to school, and had all the responsibilities that come from being a single mom. But I was also aware that I was limiting my children’s education by not learning the language. They couldn’t participate in sports or extracurricular activities because their mom couldn’t register them, or couldn’t talk to the basketball coach. 

One day I found a Portage County Literacy Council ad. I called and Kristy answered. She never left me alone! That was two years ago. Since then I haven’t missed a class. It’s so gratifying to be able to watch a movie with my children and understand it all! Sitting through a parent-teacher conference was such a special moment for me. I felt so proud, and I told myself “Yes, I can do it!”

When the pandemic hit many of my classmates stopped taking classes. I was determined to continue. My tutor and I found a way. We started using technology so not to lose a single class. It has been challenging, you have to overcome all barriers. Sometimes there are distractions with my kids, sometimes the connection is not the best. I don’t have the most advanced computer. But we have found solutions. We tried with different devices. Sometimes I’ll get in my car and close all the windows so I won’t have any distractions. We’ve kept it going from March until now. 

I think the pandemic showed how strong we are, how adaptable to change we can be. I’ve become such a resilient person. Coming to this country, learning a new language, seeing my kid grow up with special needs, raising a family. These difficult things helped me learn to say “I have to do it, I have no choice.” It’s the same with the pandemic. We have to find the options to live a better life. 

I won’t give up until my goals are met. I want to be fluent in English. I want to get my GED. I want to keep growing as a person. That’s my future. And I wouldn’t have been able to think much about my future if it wasn’t for learning English. I want to help my community. I want to be an interpreter in the future, and help everyone I can, so they can help their own families. I’m sure my children will think of me as a role model. “If she was able to do all of that for me, I can do it for my own children. Yes, I can do it!”

Lili Vera | Plover, WI



Soy de México, del estado de Morelos. Vine a Plover, WI a los 21 años. Toda mi familia que vive aquí me decía que Wisconsin es el mejor estado para vivir, un lugar donde la familia es una prioridad, donde se puede amar a la naturaleza.

 No se equivocaron, Wisconsin es todo eso. Me gusta incluso el invierno, y si me moviera a otro estado extrañaría mucho mi Wisconsin, con sus inviernos y sus colores. 

Me imagino que mi historia con el inglés es la historia de muchas otras personas. Vine aquí sin hablar ni una palabra. Decir “hola” era tan difícil para mí. Lo que me llevó a aprender inglés fue mi familia. Cuando llegué mi hijo tenía un año y medio. Tenía un impedimento del habla y no decía ni una palabra. Ni mamá, ni agua, ni comida. Nada. A los tres años empecé a buscar ayuda. La encontré pero toda la ayuda era en inglés. No podía entender a las terapistas, y yo no podía seguir continuando ayudándole en casa. Me dije “necesito aprender inglés para poder ser parte del crecimiento de mis hijos.” 

Una de las escuelas de mis hijos estaba ofreciendo clases de inglés. La primera clase fue muy lenta. Apenas estaba aprendiendo lo básico, y la pronunciación era muy, muy difícil. Es entonces cuando llega ese momento de frustración, de pensar en que esto me va a tomar mucho tiempo y esfuerzo. Uno se frustra, se aleja, y dice “no puedo.” Y dejé de ir. En el segundo intento fui a Mid-State College, en Wisconsin Rapids, y ahí sí estuve como por seis meses, yendo a diario. Y ahí se me encendió. Es difícil, porque tienes que hacerlo todos los días, contínuamente. Tenía que trabajar, atender a mis hijos, la escuela, y todas las responsabilidades, porque soy mamá soltera. Pero también estaba consciente de que yo estaba limitando la educación de mis hijos por no poder hablar el idioma. No podían participar en un deporte o en clases extras porque su mamá no podía ir a registrarlos, o hablar con el maestro de basquetbol.

Un día encontré un anuncio del Portage County Literacy Council. Llamé y Kristy me contestó. ¡Y nunca me dejó en paz! De eso hace dos años. Desde entonces no he faltado a ninguna clase. Es muy gratificante poder sentarse a ver una película con mis hijos y entender todo. Sentarme a las juntas con las maestras, sin un intérprete, fue para mí un momento muy especial. Me sentí muy orgullosa de mí y dije “si se puede.”

Cuando llegó la pandemia, muchos compañeros dejaron de ir a las clases. Pero yo estaba dispuesta a continuar. Mi tutor y yo nos pusimos de acuerdo para buscar una solución. Decidimos usar tecnología y no dejar pasar ninguna clase. Ha sido difícil. Hay que luchar con las barreras. A veces hay distracciones con mis hijos, a veces el internet no es el mejor. No tengo una computadora muy sofisticada. Pero hemos buscado soluciones. Tratamos diferentes dispositivos. A veces me encierro en mi carro y cierro las ventanas para no tener distracciones. Hemos continuado desde marzo hasta ahora. 

Creo que la pandemia nos dio tiempo de pensar que somos personas fuertes, de que somos adaptables a los cambios. Me he hecho una persona resiliente. Llegar a este país, no saber el idioma, ver a mi hijo crecer con una necesidad especial, criar una familia. Esas cosas difíciles me ayudaron a aprender a decir “tengo que hacerlo, no hay otra opción.” Es igual con la pandemia. Tenemos que buscar opciones para poder vivir una vida mejor. 

 Yo no voy a darme por vencida hasta cumplir mis objetivos. Quiero ser fluente en inglés. Quiero completar mi GED. Quiero seguir creciendo como persona.  Ese es mi futuro. Y no hubiera podido pensar mucho sobre mi futuro si no estuviera aprendiendo inglés. Quiero ayudar a mi comunidad. Quisiera ser un intérprete en el futuro, y ayudar a todas las personas que pueda, y que así ellos puedan ayudar a su propia familia. Estoy segura de que mis hijos van a tenerme como punto de referencia. “Si ella hizo todo eso por mí, yo voy a hacerlo para mis hijos. ¡Sí se puede!”

Lili’s story is part of Love Wisconsin’s Covid-19 series. Through this series we are featuring shorter stories to offer a time capsule into life in Wisconsin during this extraordinary time.

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